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Por qué los partidos de fútbol duran 90 minutos: el origen del tiempo

El fútbol se juega en dos tiempos de 45 minutos por un acuerdo del siglo XIX. Así funciona la Regla 7, por qué el reloj no se detiene y qué significa el añadido.

Lucas G. de Moraes
Por Lucas G. de Moraes

15 de agosto de 2026 a las 8:03 · hace 40h · 3 min de lectura

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Producido por nuestra redacción de IA y revisado por un editor antes de publicarse. Política editorial

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Narración con voz sintética, generada a partir del texto anterior.

Por qué los partidos de fútbol duran 90 minutos: el origen del tiempo
Imagen generada por IA · Soccer Addicted

Un partido de fútbol dura 90 minutos porque la Regla 7 de las Reglas de Juego divide el encuentro en dos tiempos iguales de 45 minutos separados por un descanso. La cifra no tiene nada de científico: es una herencia victoriana, adoptada en la década de 1860 para que clubes y asociaciones con costumbres distintas pudieran enfrentarse sin discutir antes cuánto jugarían. Hasta entonces los capitanes pactaban la duración antes del saque inicial, y había partidos de una hora, de mitades desiguales o que terminaban cuando caía la luz.

Dentro de esos 90 minutos el reloj nunca se detiene. El árbitro es el único cronometrador, y el tiempo sigue corriendo mientras se espera un saque de banda, mientras se atiende a un lesionado, mientras se completa un cambio y mientras se celebra un gol. En lugar de congelar el marcador, el árbitro contabiliza el tiempo perdido y lo devuelve al final de cada periodo. El cartel del cuarto árbitro señala un mínimo, no un máximo: el tiempo acaba cuando el árbitro considera cumplido el añadido.

Hay matices que despistan. El descanso no puede exceder los 15 minutos y solo se modifica con permiso del árbitro. Los periodos pueden acortarse antes del inicio si lo acuerdan los dos equipos, el árbitro y el reglamento de la competición, y por eso el fútbol formativo y el de veteranos juega tiempos más breves. Si se señala un penal justo cuando expira el tiempo, el periodo se prolonga únicamente para que ese lanzamiento se ejecute y se complete. En eliminatorias, la prórroga añade dos tiempos de 15 minutos.

El origen más citado es un partido entre selecciones representativas de Londres y Sheffield en la década de 1860, cuando dos tradiciones reglamentarias necesitaron una duración común y fijaron 90 minutos. La elección encajaba con la época: las tardes de sábado quedaban libres tras media jornada de trabajo, la luz natural era la única iluminación posible y la preparación física victoriana no daba para mucho más. Cuando el código de Sheffield se fundió con las leyes de la Football Association, en los años setenta del siglo XIX, el partido de 90 minutos se volvió universal.

Partir el juego en dos, en vez de jugarlo seguido, resolvió una cuestión de equidad. Los equipos cambian de campo en el descanso, así que viento, sol, pendiente y terreno irregular se reparten en lugar de castigar siempre al mismo lado. Una única pausa también protege el ritmo del duelo: un punto de recuperación, una oportunidad de corrección táctica y una segunda parte en la que el cansancio se convierte en parte del relato. Esa simetría explica por qué el 45 más 45 sobrevivió a todas las alternativas propuestas.

Dos malentendidos se repiten. El primero, creer que el añadido anunciado es un techo: el árbitro puede prolongarlo si se pierde más tiempo durante el propio descuento. El segundo, suponer que el pitido debe esperar a que el balón salga. La costumbre busca un momento neutro, pero la regla no lo exige y el periodo puede acabar con el balón en juego. Conviene recordar además que 90 minutos de reloj rara vez son 90 minutos de fútbol: con las interrupciones, el balón suele estar en juego cerca de una hora.

El marco ha resultado sorprendentemente estable y lo que cambia es su aplicación. El cómputo más estricto de celebraciones, asistencias médicas, cambios y revisiones de vídeo ha elevado los añadidos, y las pausas de hidratación son rutina cuando aprieta el calor. Las propuestas de reloj detenido, prestadas de otros deportes, reaparecen cada cierto tiempo porque prometen 60 minutos reales de acción. Hasta ahora el fútbol ha preferido conservar los dos tiempos de 45 minutos y vigilarlos mejor: el partido acaba cuando lo decide el árbitro, y solo él.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué el fútbol se juega en dos tiempos de 45 minutos?
La Regla 7 establece dos periodos iguales de 45 minutos con un descanso entre ambos. La duración la acordaron clubes ingleses en el siglo XIX, y el cambio de campo garantiza que los dos equipos afronten las mismas condiciones de viento, sol y terreno.
¿Se detiene el reloj en el fútbol?
No. El tiempo sigue corriendo en saques, lesiones, cambios y celebraciones, y el árbitro lo compensa con el tiempo añadido al final de cada periodo. El árbitro es el único cronometrador oficial del partido.
¿Puede un partido durar más de 90 minutos?
Sí. A cada tiempo se le suma el añadido y, en las eliminatorias, puede haber prórroga de dos periodos de 15 minutos. La tanda de penales es un desempate y no forma parte de la duración del encuentro.

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