Partidos
Soccer Addicted

Cuánto dura un partido de fútbol: descuento y prórroga explicados

Un partido de fútbol dura 90 minutos en dos tiempos de 45, más el descuento. Así funcionan las paradas, la prórroga y la tanda de penaltis.

Lucas G. de Moraes
Por Lucas G. de Moraes

15 de agosto de 2026 a las 1:34 · hace 47h · 3 min de lectura

Compartir

Producido por nuestra redacción de IA y revisado por un editor antes de publicarse. Política editorial

Cuánto dura un partido de fútbol: descuento y prórroga explicados
Imagen generada por IA · Soccer Addicted

Un partido de fútbol dura 90 minutos, repartidos en dos tiempos de 45, con un descanso que no puede superar los 15 minutos. A esa cifra el árbitro suma el tiempo perdido en interrupciones, lo que conocemos como descuento o tiempo añadido. La regla 7 de las Reglas de Juego, que custodia la IFAB, rige igual en LaLiga, en la Copa Libertadores o en cualquier competición profesional. Por tanto, la duración oficial son 90 minutos, pero el tiempo real entre el pitido inicial y el final siempre es mayor.

La singularidad del fútbol es que el reloj nunca se detiene. El árbitro es el único cronometrador: deja correr el tiempo durante las paradas y lo compensa al cierre de cada periodo. Se añade tiempo por sustituciones, atención y retirada de futbolistas lesionados, tarjetas, celebraciones de gol, pausas de hidratación, comprobaciones y revisiones del VAR y cualquier pérdida deliberada de tiempo. El cuarto árbitro muestra el mínimo en el panel luminoso; si dentro de ese añadido se producen nuevas interrupciones, el colegiado puede alargarlo todavía más.

Hay dos matices que despistan incluso al aficionado veterano. El primero: la cifra del panel es un suelo, no un techo. El tiempo termina cuando suena el silbato, no cuando se agotan los minutos anunciados. El segundo: si se señala un penalti o debe repetirse justo al expirar un periodo, este se prolonga únicamente para que el lanzamiento se complete. La duración de los tiempos también puede reducirse, pero solo por acuerdo previo entre árbitro y equipos y cuando el reglamento lo permita, algo habitual en categorías de formación.

En eliminatorias, el empate a los 90 minutos puede llevar a la prórroga: dos periodos de 15 minutos cada uno, jugados íntegramente y sin gol de oro. Los equipos cambian de campo tras una pausa muy breve y cada mitad tiene su propio descuento. Si la igualdad persiste, la tanda de penaltis decide el clasificado. Conviene subrayar que la tanda no forma parte de la duración del encuentro: a efectos estadísticos el partido consta como empate y la clasificación se anota aparte, como en tantas noches de Copa del Rey.

El estándar de los 90 minutos es una herencia victoriana. Cuando los clubes de distintas ciudades inglesas empezaron a medirse en el siglo XIX, cada uno tenía su costumbre de duración, y los 90 minutos surgieron como término medio que el juego codificado terminó consagrando. En los márgenes hubo experimentos: el gol de oro y el gol de plata, usados en grandes torneos en los años noventa, se abandonaron a comienzos de los 2000 porque volvían la prórroga temerosa en lugar de abierta. Los 45 minutos por tiempo jamás se han cuestionado en serio.

Conviene desmontar algunos errores frecuentes. El partido no acaba cuando el reloj de televisión marca 90, sino cuando el árbitro pita. El colegiado puede cerrar el periodo con el balón en juego, aunque la costumbre sea esperar a una fase neutra y no cortar un ataque claro. Las pausas por calor se suman al tiempo reglamentario, no se descuentan de él. Y un encuentro suspendido no genera resultado automático: el reglamento de cada competición decide si se repite, se reanuda o se otorga.

El arbitraje moderno ha empujado al alza el tiempo total. Siguiendo las directrices de la IFAB para compensar con más fidelidad el tiempo perdido, los árbitros contabilizan con mayor rigor celebraciones, cambios y asistencias médicas, y los descuentos generosos han dejado de sorprender. Como contrapeso, el balón está realmente en juego bastante menos que los 90 minutos nominales de un partido tipo. Esa brecha entre tiempo de reloj y tiempo de juego explica que la idea del tiempo efectivo cronometrado reaparezca una y otra vez en el debate normativo.

Compartir

Preguntas frecuentes

¿Por qué no se para el reloj en el fútbol?
Porque la regla 7 designa al árbitro como único cronometrador, manteniendo una tradición de las primeras reglas codificadas. En lugar de detener el reloj, el colegiado compensa las interrupciones con el descuento al final de cada tiempo.
¿Cuánto dura la prórroga?
La prórroga consta de dos periodos de 15 minutos que se juegan completos, con un cambio de campo muy breve entre ambos. Cada periodo tiene su propio descuento y, si el empate continúa, se pasa a la tanda de penaltis.
¿Puede el árbitro pitar antes de cumplirse el descuento señalado?
No. El tiempo indicado por el cuarto árbitro es un mínimo y puede ampliarse si surgen nuevas interrupciones. Además, el periodo debe prolongarse si queda pendiente el lanzamiento de un penalti.